El PSOE y la Crisis, el PP y la Gürtel
Tras hacerse público parte del sumario sobre la corrupción a gran escala de Gürtel, el diario El País sorprende diariamente a sus lectores con la publicación de numerosa documentación y afiladas opiniones sobre el PP. Pero, por aquello de una de cal y otra de arena, avisa de una tosca encuesta que parece vislumbrar lo que podría ser un posible cambio de Gobierno, fruto de una gran abstención, de celebrarse elecciones generales próximamente.
¿Qué está pasando aquí? Si hacemos una lectura panorámica, se observa un paisaje bastante desolador en lo que a los políticos y grandes partidos se refiere.
Por un lado, quienes confiaron en los socialistas se encuentran disgustados con el Gobierno Zapatero ante la gran confusión que transmite el Ejecutivo cuando argumenta el manejo que está haciendo de la difícil situación económica. El PSOE, presionado desde el primer día, no encuentra la manera de hacer llegar su mensaje a la gente, lanza consignas idealistas que no acaba de plasmar en políticas con resultados reales y efectivos, le falta confianza en si mismo, los datos económicos le pisan los talones y hace parecer que improvisa o que va dando bandazos sin saber muy bien cuándo dejarse caer muerto. Necesita ponerse las pilas, y necesita hacerlo ya, al menos en materia económica.
Por otra parte, el tradicional Bipartidismo político español se evidencia hoy más como un mal de saneamiento urgente. Parece mentira que un gran sector de la sociedad española continúe tercamente pensando que no hay mayor alternativa al PSOE que el PP, y viceversa; y que ello se traduzca en una gran abstención voto cuando corren tiempos difíciles. Una sociedad que no ve más allá de lo que el marketing político le impone, es una sociedad que no ha acabado de interiorizar lo que significa vivir en Democracia y lo que es la pluralidad ideológica.
Por su parte, el Partido Popular (populista) se muestra feliz y sonriente ante los favorables resultados de las encuestas, con su líder Rajoy (¿?) a punto de fumarse un purito de celebración mientras, por detrás, todos sus compañeros se frotan ansiosamente las manos, pues en España no ocurre como en otros países donde se acaban de celebrar elecciones, grupos más a la izquierda y partidos verdes han visto aumentado el apoyo a sus ideas y alternativas.
Es alucinante cómo es posible que la gente considere digno de gobernar a un partido podrido de corrupción, un partido infectado en toda su estructura en una sepsis que avanza cada día que se nos cuenta un nuevo afluente de Gürtel o una nueva conversación grabada. Un partido cuyos líderes y responsables, o bien son “amiguitos del alma” de delincuentes, o bien ignoran y muestran literal indiferencia ante los escándalos que proliferan en su partido, inaceptables en un sistema democrático y de Derecho.
La sociedad española no tiene por qué soportar ni puede permitir un segundo más que haya un partido como el PP al frente del país, un partido que desconoce el significado de la palabra “responsabilidad” y “honestidad” políticas, y que nunca utiliza la palabra “social” ni “progreso” porque jamás las comprendió ni aplicó en su manera de entender las necesidades de la gente.
España no se merece un partido que haya actuado mal, o muy mal, al frente de la crisis económica, pero lo que sí que es necesario es que España tenga un Gobierno que sea honesto y reconozca sus errores, rectifique, enmiende sus políticas y cuya máxima preocupación sea el bienestar del conjunto de la sociedad; y no un Gobierno liderado por un partido que en ningún momento ha presentado una alternativa en pos del beneficio colectivo y de los que peor están lo pasando, un partido irresponsable, que no soluciona sus errores y que, hasta el día de hoy, está más preocupado por desgastar al Gobierno de turno con tal de sacar rédito electoral, hacer una política sucia y estar más pendiente de sus intereses particulares que el de los del conjunto de ciudadanos y ciudadanas.
Por puro sentido democrático y por convicción ética, debemos reflexionar sobre qué tipo de futuro y líderes queremos tener, espero que no erremos en la decisión de aquí a 2012.
Las empresas, constructoras-especuladoras incluídas, pagaban menos por un beneficio obtenido de una manera que ahora nos ha llevado a todos a la hecatombe económica. La progresividad del IRPF no mejoró ni un ápice con un descenso generalizado del 6%, y tampoco lo hizo con una devolución generalizada de 400 euros. El Impuesto de Patrimonio disminuyó enormemente la presión fiscal sobre las familias más acaudaladas de este país, que son, lógicamente, las que mayor patrimonio tienen. La progresividad fiscal, algo que en teoría sí que es de izquierdas – y no “bajar los impuestos”, como tanto pregonaba el presidente – no ha mejorado nada desde que Zapatero llegara al poder en 2004.
O no es más bien que por la izquierda solo hya un periódico (Público) y en la derecha mucha competencia y elpaís se veía sin clientes?