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  • Carlos Manzana 18:01 on 9 October 2009 Enlace permanente | Responder
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    El PSOE y la Crisis, el PP y la Gürtel 

    Tras hacerse público parte del sumario sobre la corrupción a gran escala de Gürtel, el diario El País sorprende diariamente a sus lectores con la publicación de numerosa documentación y afiladas opiniones sobre el PP. Pero, por aquello de una de cal y otra de arena, avisa de una tosca encuesta que parece vislumbrar lo que podría ser un posible cambio de Gobierno, fruto de una gran abstención, de celebrarse elecciones generales próximamente.

    ¿Qué está pasando aquí? Si hacemos una lectura panorámica, se observa un paisaje bastante desolador en lo que a los políticos y grandes partidos se refiere.

    Por un lado, quienes confiaron en los socialistas se encuentran disgustados con el Gobierno Zapatero ante la gran confusión que transmite el Ejecutivo cuando argumenta el manejo que está haciendo de la difícil situación económica. El PSOE, presionado desde el primer día, no encuentra la manera de hacer llegar su mensaje a la gente, lanza consignas idealistas que no acaba de plasmar en políticas con resultados reales y efectivos, le falta confianza en si mismo, los datos económicos le pisan los talones y hace parecer que improvisa o que va dando bandazos sin saber muy bien cuándo dejarse caer muerto. Necesita ponerse las pilas, y necesita hacerlo ya, al menos en materia económica.

    Por otra parte, el tradicional Bipartidismo político español se evidencia hoy más como un mal de saneamiento urgente. Parece mentira que un gran sector de la sociedad española continúe tercamente pensando que no hay mayor alternativa al PSOE que el PP, y viceversa; y que ello se traduzca en una gran abstención voto cuando corren tiempos difíciles. Una sociedad que no ve más allá de lo que el marketing político le impone, es una sociedad que no ha acabado de interiorizar lo que significa vivir en Democracia y lo que es la pluralidad ideológica.

    Por su parte, el Partido Popular (populista) se muestra feliz y sonriente ante los favorables resultados de las encuestas, con su líder Rajoy (¿?) a punto de fumarse un purito de celebración mientras, por detrás, todos sus compañeros se frotan ansiosamente las manos, pues en España no ocurre como en otros países donde se acaban de celebrar elecciones, grupos más a la izquierda y partidos verdes han visto aumentado el apoyo a sus ideas y alternativas.

    Es alucinante cómo es posible que la gente considere digno de gobernar a un partido podrido de corrupción, un partido infectado en toda su estructura en una sepsis que avanza cada día que se nos cuenta un nuevo afluente de Gürtel o una nueva conversación grabada. Un partido cuyos líderes y responsables, o bien son “amiguitos del alma” de delincuentes, o bien ignoran y muestran literal indiferencia ante los escándalos que proliferan en su partido, inaceptables en un sistema democrático y de Derecho.

    La sociedad española no tiene por qué soportar ni puede permitir un segundo más que haya un partido como el PP al frente del país, un partido que desconoce el significado de la palabra “responsabilidad” y “honestidad” políticas, y que nunca utiliza la palabra “social” ni “progreso” porque jamás las comprendió ni aplicó en su manera de entender las necesidades de la gente.

    España no se merece un partido que haya actuado mal, o muy mal, al frente de la crisis económica, pero lo que sí que es necesario es que España tenga un Gobierno que sea honesto y reconozca sus errores, rectifique, enmiende sus políticas y cuya máxima preocupación sea el bienestar del conjunto de la sociedad; y no un Gobierno liderado por un partido que en ningún momento ha presentado una alternativa en pos del beneficio colectivo y de los que peor están lo pasando, un partido irresponsable, que no soluciona sus errores y que, hasta el día de hoy, está más preocupado por desgastar al Gobierno de turno con tal de sacar rédito electoral, hacer una política sucia y estar más pendiente de sus intereses particulares que el de los del conjunto de ciudadanos y ciudadanas.

    Por puro sentido democrático y por convicción ética, debemos reflexionar sobre qué tipo de futuro y líderes queremos tener, espero que no erremos en la decisión de aquí a 2012.

     
  • Carlos Manzana 18:08 on 2 September 2009 Enlace permanente | Responder
    Tags: izquierda,   

    Jorge Alarte y Benidorm 

    Este Verano Benidorm no ha sido noticia en tanto por ser referente turístico nacional e internacional, sino por los revuelos y confusiones que ha despertado en el seno de la política valenciana.

    Hace unos meses, tras el abandono de José Bañuls del grupo municipal benidormense del PP, que ostenta la alcaldía desde 2007, el PSPV-PSOE de Benidorm, unilateralmente, vio posible la idea de pactar con el tránsfuga en cuestión, adscrito actualmente al grupo independiente, para arrebatar el gobierno local (o desgobierno) a su alcalde Joaquín Pérez Fenoll mediante una moción de censura.
    Desde la cúpula del PP valenciano y los medios de comunicación afines, se ha venido vendiendo a la opinión pública que existe un claro enfrentamiento interno entre Jorge Alarte, secretario gnal del PSPV-PSOE, no partidario de vulnerar el pacto anti-transfuguismo; y los/las concejales socialistas de la ciudad costera (de los cuales forma parte Maite Iraola, madre de Leire Pajín Iraola), utilizándolo como arma arrojadiza contra la ya denostada imagen del PSPV en tierras levantinas.
    Ante este panorama, la presión popular y de la situación han forzado pactar un acuerdo recíproco entre las partes implicadas, llegando a la conclusión de que no se debe violar bajo ningún concepto el pacto anti-transfuguismo que, por ley, impera a día de hoy y regula la actividad política para que sea más limpia y más democrática.
    La izquierda, y concretamente el PSOE, tiene, entre otras virtudes, la de ser honesta consigo misma, la de respetar la ley y, sobre todo, la honorabilidad de las ideas, así como el principio básico de soberanía popular (recordemos que el voto de la gente dio la alcaldía al PP).
    No es leal apoyar una moción de censura, rompiendo un pacto anti-tránsfugas, pese a que la derecha lo haga sistemáticamente (caso Dénia, por ejemplo) por el mero hecho de rascar dos años de poder; no es lógico traicionar un principio político y moral cuando uno sabe que la ciudadanía lo apoyará en el futuro, no merece la pena y no es jugar limpio.

    Por todo ello, debe considerarse como acertada la decisión de los socialistas valencianos de decir NO al beneficio del transfuguismo, y buscar una vía más adecuada como es la denuncia de la inestabilidad de una alcaldía como la de Benidorm, un pueblo trabajador que no se merece tener al alcalde que a día de hoy, se supone, les representa; forzar su dimisión es más inteligente y honesto, más justo para quien de verdad interesa: los ciudadanos y ciudadanas.

     
  • Joaquín Pi 17:25 on 1 September 2009 Enlace permanente | Responder
    Tags: Elecciones europeas, izquierda, neoliberalismo, socialdemocracia, Unión Europea   

    Después del neoliberalismo, ¿qué? 

    Retomamos el curso político de modo más o menos oficial. Ya que he permanecido inactivo durante buena parte de las vacaciones estivales, me ha parecido oportuno volver a la arena escribiendo sobre la resaca de las elecciones europeas del pasado junio. Si bien es comprensible que durante el verano los diarios generalistas y los principales medios audiovisuales ralenticen su actividad buscando, en ocasiones, un relleno informativo que puede convertir su contenido en poco acreedor de este adjetivo, este mes de septiembre parece propicio para retomar grandes asuntos, huyendo de la polémica sensacionalista en torno a la trama Gürtel y las acusaciones del PP al Gobierno de espionaje; lo cual, por otra parte, no quiere decir, ni mucho menos, que un presunto escándalo de corrupción de mayores dimensiones que el de Filesa o unas acusaciones por parte del principal partido de la oposición que en su día costaron el cargo a un presidente de los Estados Unidos no merezcan la debida atención.

    Es hora de que los partidos situados a la izquierda del espectro político, de carácter democrático y con representación parlamentaria, comiencen a reflexionar sobre el presente y planifiquen su propio futuro, con el fin de inventar o encauzar un porvenir para sus respectivos países, Europa y el resto del mundo. Porvenir que, mucho me temo, se presenta cuajado de inquietudes, amenazas y piedras en el camino. La izquierda europea en general y la socialdemocracia en particular parece haber percibido y definido, mal que bien, cuáles son esos peligros y escollos; sólo le falta -nada menos- averiguar en qué camino se encuentran, para no perderse campo a través. Situarse en el camino permitiría delimitar los problemas y establecer la secuencia y el modo en el que se han de resolver. Hasta entonces, las diversas tendencias que conforman el espectro político de la izquierda sólo podrán oponer palabras sin contenido específico a las propuestas y medidas de la derecha: si se habla de “eficiencia y ahorro”, la izquierda no puede limitarse a decir: “servicios públicos y solidaridad”; si las fuerzas más o menos conservadoras proponen “recorte del gasto”, las progresistas no pueden quedarse en “inversión y empleo público”, si alguien afirma que “el ser humano está para aprovecharse de los recursos naturales porque es el centro” no podemos quedarnos en “lucha contra el cambio climático”.

    Es necesario dotar de un contenido pleno y concreto a estos conceptos. En primer lugar, porque son más difíciles de explicar y requieren de una elaboración intelectual y científica más compleja y, en segundo lugar, por causas derivadas del clima socio-político imperante en los países occidentales: la situación creada tras la caída del Muro de Berlín ha situado a la doctrina neoliberal en cabeza, ya desde la línea de salida hasta que se ha convertido en hegemónica. La falta de sistemas alternativos, que aseguren mayor calidad de vida y un espacio de participación ciudadana más amplio, parecen dar la razón a las tesis de Fukuyama. El neoliberalismo es, hoy por hoy, una idea-fuerza, que impregna el discurso de todas las formaciones políticas aspirantes a obtener una amplia representación parlamentaria, incluidas aquellas situadas o denominadas -generalmente a título personal- de izquierda. Paradójicamente, la superación de este modelo económico, cultural y político pasa por la actuación dentro de los parámetros del mismo. Por ello, quienes de verdad abracen el compromiso del progreso y de la transformación social con vistas a vivir en un mundo más justo, no pueden limitarse a replicar a las fuerzas conservadoras y reaccionarias anteponiendo una palabra o consigna, es necesario dar, constantemente, un paso más allá: a cada palabra, una frase; a cada consigna, una propuesta articulada, escueta pero concisa y, como no puede ser de otra manera, mantener una presencia lo más constante y amplia posible en los medios de comunicación de masas y en aquellos surgidos al amparo de las nuevas tecnologías.

    Ante este panorama, es necesario un cambio de rumbo inmediato y decidido en la izquierda española pero muy especialmente en la socialdemocracia. Percibo un acomodo peligroso e “institucional” del PSOE gobernante. Da la impresión de que en este punto de la legislatura impera “cumplir” con los compromisos y promesas realizados a propios y extraños para poder gobernar con desahogo y estabilidad y que ahora, parece, estos últimos pretenden cobrar todo junto y de una sola vez. Algo así puede resultar fatal cuando se aprecia en el partido gobernante un viraje a la derecha en materia económica y que, si no fuera por una política social progresista cuyos ejes son la salvaguarda y defensa de los Derechos Humanos y la ampliación de los derechos civiles, podría invitar a hablar sin empacho de un proyecto económico socio-liberal y ya sabemos que, como diría un buen amigo mío, entre el original y una mala copia, la opinión pública y el electorado tiene a quedarse con el primero.

    Ya es hora de abandonar las promesas cortoplacistas para poner en práctica reformas profundas en el modelo económico español. Tenemos tres escasos años por delante -si todo no se tuerce definitivamente- para que las energías renovables y la investigación científica y tecnológica se conviertan en el motor de crecimiento, para realizar los cambios oportunos en el mercado laboral que premien la excelencia de los profesionales en estos sectores y para establecer un marco de regulación efectivo en la política financiera y hacendística, que se constituya en árbitro de los intereses generales, velando por todos aun a costa del enfado de unos pocos.

    No obstante, con un modelo de Estado adelgazado y debilitado por ocho años de gobierno de Aznar y un Partido Socialista que, parece, no ha sabido o no ha podido salir de esa tendencia privatizadora para devolver al Estado su papel y tamaño anterior a ese desaguisado, se impone ahora la siguiente pregunta: ¿qué hacer para invertir la tendencia privatizadora y, en definitiva, para frenar el modelo neoliberal? Podemos criticar por todos los frentes el modelo político y económico neoconservador pero si no se propone una situación alternativa creíble que “suene” constantemente en los medios, el socialismo español estará perdido. Para invertir esta tendencia, el PSOE debería construir el edificio empezando por la región donde el imperio del modelo es más evidente: la Comunidad de Madrid. Si el PSM no es capaz de hilvanar propuestas concretas, pragmáticas y coherentes para explicar a la ciudadanía cómo recuperar para la cosa pública lo que ha sido privatizado o, al menos, a corto y medio plazo, para invertir definitivamente esta tendencia, las y los socialistas y la izquierda en general estarán perdidos y la Comunidad de Madrid, junto con su población, quedarán -más todavía- alejados de sus propuestas y recetas, hasta que el Gobierno de España, más temprano que tarde, entone un requiem por la política socialdemócrata y progresista.

     
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