Probando…
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Julio Castillo
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Carlos Manzana
El PSOE y la Crisis, el PP y la Gürtel
Tras hacerse público parte del sumario sobre la corrupción a gran escala de Gürtel, el diario El País sorprende diariamente a sus lectores con la publicación de numerosa documentación y afiladas opiniones sobre el PP. Pero, por aquello de una de cal y otra de arena, avisa de una tosca encuesta que parece vislumbrar lo que podría ser un posible cambio de Gobierno, fruto de una gran abstención, de celebrarse elecciones generales próximamente.
¿Qué está pasando aquí? Si hacemos una lectura panorámica, se observa un paisaje bastante desolador en lo que a los políticos y grandes partidos se refiere.
Por un lado, quienes confiaron en los socialistas se encuentran disgustados con el Gobierno Zapatero ante la gran confusión que transmite el Ejecutivo cuando argumenta el manejo que está haciendo de la difícil situación económica. El PSOE, presionado desde el primer día, no encuentra la manera de hacer llegar su mensaje a la gente, lanza consignas idealistas que no acaba de plasmar en políticas con resultados reales y efectivos, le falta confianza en si mismo, los datos económicos le pisan los talones y hace parecer que improvisa o que va dando bandazos sin saber muy bien cuándo dejarse caer muerto. Necesita ponerse las pilas, y necesita hacerlo ya, al menos en materia económica.
Por otra parte, el tradicional Bipartidismo político español se evidencia hoy más como un mal de saneamiento urgente. Parece mentira que un gran sector de la sociedad española continúe tercamente pensando que no hay mayor alternativa al PSOE que el PP, y viceversa; y que ello se traduzca en una gran abstención voto cuando corren tiempos difíciles. Una sociedad que no ve más allá de lo que el marketing político le impone, es una sociedad que no ha acabado de interiorizar lo que significa vivir en Democracia y lo que es la pluralidad ideológica.
Por su parte, el Partido Popular (populista) se muestra feliz y sonriente ante los favorables resultados de las encuestas, con su líder Rajoy (¿?) a punto de fumarse un purito de celebración mientras, por detrás, todos sus compañeros se frotan ansiosamente las manos, pues en España no ocurre como en otros países donde se acaban de celebrar elecciones, grupos más a la izquierda y partidos verdes han visto aumentado el apoyo a sus ideas y alternativas.
Es alucinante cómo es posible que la gente considere digno de gobernar a un partido podrido de corrupción, un partido infectado en toda su estructura en una sepsis que avanza cada día que se nos cuenta un nuevo afluente de Gürtel o una nueva conversación grabada. Un partido cuyos líderes y responsables, o bien son “amiguitos del alma” de delincuentes, o bien ignoran y muestran literal indiferencia ante los escándalos que proliferan en su partido, inaceptables en un sistema democrático y de Derecho.
La sociedad española no tiene por qué soportar ni puede permitir un segundo más que haya un partido como el PP al frente del país, un partido que desconoce el significado de la palabra “responsabilidad” y “honestidad” políticas, y que nunca utiliza la palabra “social” ni “progreso” porque jamás las comprendió ni aplicó en su manera de entender las necesidades de la gente.
España no se merece un partido que haya actuado mal, o muy mal, al frente de la crisis económica, pero lo que sí que es necesario es que España tenga un Gobierno que sea honesto y reconozca sus errores, rectifique, enmiende sus políticas y cuya máxima preocupación sea el bienestar del conjunto de la sociedad; y no un Gobierno liderado por un partido que en ningún momento ha presentado una alternativa en pos del beneficio colectivo y de los que peor están lo pasando, un partido irresponsable, que no soluciona sus errores y que, hasta el día de hoy, está más preocupado por desgastar al Gobierno de turno con tal de sacar rédito electoral, hacer una política sucia y estar más pendiente de sus intereses particulares que el de los del conjunto de ciudadanos y ciudadanas.
Por puro sentido democrático y por convicción ética, debemos reflexionar sobre qué tipo de futuro y líderes queremos tener, espero que no erremos en la decisión de aquí a 2012.
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Julio Castillo
Presupuestos agridulces
Sube el IVA del 16 al 18%, el reducido del 7 al 8%, y se mantiene la tasa superreducida del 4%. Por tanto, baja la progresividad. Es la carta más importante que hoy, por fin, el Gobierno ha puesto sobre la mesa. La otra: la retirada de los 400 euros, que finalmente sólo se dedujeron en año electoral, como muchos temían. Las rentas del capital: suben del 18 al 19% las menores de 6.000 euros, y el resto tributarán al 21%.
De las SICAV, finalmente, ni por encima se ha hablado. El paraíso fiscal nacional seguirá haciendo su función: evadir fiscalmente a las rentas más altas del país. La parte positiva: bajan el Impuesto de Sociedades cinco puntos a las PYMES con menos de 25 trabajadores, que tengan ingresos inferiores a cinco millones de euros y mantengan o incrementen los puestos de trabajo.
El gasto público se reduce un 3.9%, a pesar de que se mantienen políticas sociales, pilares del gobierno socialista, como la subida de las pensiones mínimas, más becas, más prestaciones por desempleo, medidas como la bonificación de 2.500 euros por nacimiento de hijo o adopción y políticas de dependencia. Sobre el salario de los funcionarios públicos, la vicepresidenta primera del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, ha dicho que “no perderán poder adquisitivo”. Algunos medios han interpretado esto como una subida salarial, pero teniendo en cuenta que el IPC marca índices negativos, podría suponer una congelación del salario. La vicepresidenta ha agradecido, además, a los representantes sindicales su disposición para el diálogo.
El principal argumento del PSOE: “Nuestra presión fiscal seguirá por debajo de la media europea” y se trata de “una reforma equitativa y solidaria”. Pero las rentas más bajas pagarán más, y los ricos seguirán pagando lo mismo: un insignificante 1%. Equitativa y solidaria sí, pero precisamente con las rentas más altas. Una reforma descafeínada, como descafeínado ha quedado también el Gobierno tras las embestidas de la crisis. Y la cosa no termina aquí. Todos los partidos, absolutamente todos, han criticado los Presupuestos. Ni la derecha, ni la izquierda, está conforme. El PSOE se situa en tierra de nadie, y se anticipa un otoño duro, con unos Presupuestos para 2010, que si se aprueban, será con un 5 “superhipermega” raspado.
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Carlos Manzana
Arenys de Munt
El pasado trece de Septiembre tuvo lugar en un pequeño municipio catalán, Arenys de Munt (8000 habitantes), una consulta popular realizada desde lo privado, por cuestiones legales y de revuelo social, que citaba: “¿Está usted de acuerdo con que Catalunya se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?”. Demasiado ruido para las pocas nueces de este asunto.
Dicha consulta buscaba conocer la opinión de las gentes del pueblo acerca de su posicionamiento a favor o en contra de la independencia de Cataluña respecto al conjunto de España. Tras celebrarse el “referéndum” local, un 96% de los votos mostraban el deseo de independencia, pero no olvidemos que solo participó un 40% del censo municipal, por lo que este dato no refleja ni una realidad del conjunto de Cataluña, ni puede utilizarse como argumento soberanista o nacionalista de ninguna clase.
Según los últimos datos reflejados en las encuestas y estudios sociológicos en Cataluña, no llega al 20% el porcentaje de población catalana que desea para su tierra y su nación histórica, un Estado autónomo e independiente, es decir, “separarse” de España.
Sin embargo, cerca de un 75% de catalanes y catalanas prefiere que España siga siendo un Estado de Autonomías o un Estado de carácter Federal, que casi viene a ser lo mismo. Defendiendo, eso sí, una mayor descentralización y un mayor autogobierno de cara a buscar el mayor beneficio ciudadano y mayor reconocimiento de la pluralidad y multi-nacionalidad que caracteriza a España desde tiempos inmemoriales.
Por otro lado, conviene recordar que los partidos políticos catalanes abiertamente independentistas, como ERC, poseen una cuota electoral relativamente pobre y escasa, con una tendencia más bien estática o, o incluso, a la baja en cuanto a intención de voto.
Por tanto, ¿a qué viene tanto alboroto? Resulta significativo el hecho de que en una localidad tan pequeña como Arenys de Munt, se congregaran los cuatro nostálgicos de la dictadura del terror que quedan en este país, al grito de “España es una y no cincuenta y una”; y ¿a qué se debe el espanto de algunos líderes de la derecha popular por esta consulta?
Desgraciadamente, la respuesta es bastante evidente. El nacionalismo español arcaico y anacrónico de la derecha española, el nacionalismo de la España castellana, UNA, GRANDE Y LIBRE, el nacionalismo anti-plural y que negó durante cuarenta años cualquier atisbo de la riqueza cultural española; ese nacionalismo es el que vomitan algunos y algunas que se auto-proclaman defensores de España y de los interese de los españoles.
Sinceramente, España, su sociedad, todavía no ha evolucionado y no ha reflexionado en profundidad sobre sus señas de identidad y su Historia; sigue sin aceptar la diversidad que representan sus pueblos. Vivimos en un país de países donde aún se niega la realidad de nuestra naturaleza multi-color.
No creo que haya que preocuparse en exceso por los acontecimientos recientes de Arenys de Munt, pero no cabe duda de que una anécdota como ésta refleja la acuciante necesidad de una reforma estructural de la Carta Magna española que termine de perfilar y de definir acertadamente cual es su esencia, su esencia plural y la explosión de sabores que se produce cuando se pronuncia la palabra: España.
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Cartier
Somos un país de gañanes. Vamos a empezar a reconocerlo. Mirarnos en el espejo de Europa está bien. Quedar a cenar con Mr Obama también. Pero no somos lo mismo. Somos otra cosa. Otra cosa peor.
Nos reímos de los trajes manchados de Clinton o de la ausencia de ellos de Berlusconi en su Villa Cerdosa (¿o no era así?) pero nos parece muy digno que un alto político mienta sobre el pago o no de los suyos.
Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos en los documentales de La 2 como preparan platos con gatos o perros en lejanos países pero nos ponemos el traje del domingo para ver como se mata, poco a poco, a un toro. Y encima se nos llena la boca con frases tan bien preparadas como: “si no hay corridas, no existiría esta raza”.
Nos enviamos una y otra vez preciosos power point con música de Celine Dion sobre lo malos que son los japoneses, o los daneses, o los canadienses, porque matan ballenas o focas o osos polares o alguno de esos animales que solo vemos en nuestro ordenador. Y cuando lo apagamos, bajamos a la plaza del pueblo a matar al gallo, o a la cabra. Y lo celebramos, por supuesto.
Y mientras nos reímos de nuestros vecinos pequeños, los portugueses, por vete tú a saber qué razón, somos el país europeo que peor habla inglés.
Se nos lleva la boca con la palabra democracia cuando hablamos de España, pero mientras Merkel pide perdón, 70 años después, a los judíos, por lo que hizo el pueblo alemán, aquí nos peleamos para que mi calle siga poniendo General XXXXX y en la plaza haya una estatua del Generalísimo.
Y claro, Belén Esteban, reina de los gañanes, la cara que más sale en nuestra televisión.
¡Bendito país de gañanes el nuestro!
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Julio Castillo
Pagando que es gerundio
El Gobierno de Zapatero, mientras la economía española marchaba “bien”, mientras los excesos de la construcción y del sistema productivo desproporcionado que teníamos generaban las burbujas que nos explotaron, bajaba el Impuesto de Sociedades un 5%, el IRPF un 6%, eliminaba el Impuesto sobre el Patrimonio y devolvía 400 euros a todo ser viviente.
Las empresas, constructoras-especuladoras incluídas, pagaban menos por un beneficio obtenido de una manera que ahora nos ha llevado a todos a la hecatombe económica. La progresividad del IRPF no mejoró ni un ápice con un descenso generalizado del 6%, y tampoco lo hizo con una devolución generalizada de 400 euros. El Impuesto de Patrimonio disminuyó enormemente la presión fiscal sobre las familias más acaudaladas de este país, que son, lógicamente, las que mayor patrimonio tienen. La progresividad fiscal, algo que en teoría sí que es de izquierdas – y no “bajar los impuestos”, como tanto pregonaba el presidente – no ha mejorado nada desde que Zapatero llegara al poder en 2004.La política fiscal post-crisis tampoco supone ningún avance. Ahora suben los impuestos a las rentas del capital, pero también impuestos indirectos como los que gravan el alcohol, el tabaco y la gasolina. Y lo más grave de todo: también el IVA. El que pagamos todos los españoles: empresarios, profesionales, millonarios, ricos… pero también estudiantes, parados, pensionistas… Es la política fiscal de siempre. La misma que nos encasquetaría un partido de derechas. Los beneficios, mientras duró la etapa boyante, fueron para los ricos. Ahora, cuando ya no hay beneficios, las pérdidas se “socializan” y nos toca a todos pagar los platos rotos.
Y luego los oiremos gritando que viene la derecha. Y nos sonará igual que el grito de Pedro avisando de que viene el lobo. Pero a nadie le importará, porque el lobo (PP) y el lobo disfrazado de cordero (PSOE) tienen la misma política económica. Por mucho marketing, por mucho que la autoproclamen de izquierdas o de derechas, a los ciudadanos, a los que menos culpa tenemos, nos tocará estar siempre pagando, que es gerundio.
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Alberto Ginel
España en Afganistán
Respondiendo a la pregunta: “¿Qué hacemos en Afganistán?” diré que hacemos, básicamente, lo que debieron hacer las potencias democráticas internacionales en el año 1936 para impedir que otros iluminados armados -al estilo talibán pero de nacionalidad española y exaltando otra religión- sustituyeran el poder político civil entonces vigente para sustituirlo por otro.
Como en la España del 36, el nuevo-viejo orden por el que pugnan los talibanes es de la alfa a la omega un sistema violador de los derechos humanos,un régimen violento, totalitario, intransigente y reaccionario.
Las potencias democráticas no ayudaron a España, como saben, y seguramente por eso ganaron nuestros talibanes, nuestros teócratas, nuestro sanguinario dictador.
Eso es lo que básicamente hacemos en Afganistán bajo la bandera de las Naciones Unidas: reforzar unas instituciones civiles resquebrajadas por la violencia y la imposición. Eso además de intentar impedir la fundación de un Estado-sede y base de entrenamiento de la que partan alegremente esos ciegos “combatientes” llamados a inmolarse en nuestros trenes de Cercanías.
A quienes dicen que las intervenciones de Iraq y Afganistán son la misma cosa (grupo entre los que se encuentra, curiosamente, Mariano Rajoy), hay que contestarles con la objetividad que otorgan los datos.
La primera y más obvia diferencia entre ambos casos se encuentra en el derecho internacional: la ONU declaró ilegal la guerra de Iraq (por boca de su entonces secretario general) por estar fundada en notorias mentiras que solo secundaron unos pocos de los polluelos de los halcones que anidaban en el pentágono y en la Casa Blanca.
Por ello, nuestro presidente Zapatero al llegar al gobierno sacó de allí a nuestras tropas. Para justificar la invasión de Iraq se presentaron “pruebas” consistentes en una fotografía aérea pasada por photoshop para demostrar lo de las armas de destrucción masiva y una feble vinculación entre el terrorismo islámico y el gobierno del laico Sadam.
En Iraq no existía el terrorismo que sí existía y existe en Afganistán. El terrorismo fue llevado a Iraq por la propia invasión, en forma de insurgencia y resistencia contra al invasor y nutrida por islamistas de todo oriente medio.
En Afganistán sí existía con anterioridad a la intervención militar ese terrorismo extremadamente violento que ensangrentaba y dividía al país. Un país que, se demostró en 2001, era una cantera de terrorismo internacional ante la que el asediado gobierno afgano no podía hacer nada estando mermada su capacidad de acción sobre amplias zonas del país controladas por los talibanes, o lo que es lo mismo: puestas bajo la implacable e inapelable sharia.
Otra diferencia importante: el papel de nuestro país en el conflicto. Zapatero se llevó las tropas españolas participantes en esa guerra calificada de “ilegal” y “contraria al derecho internacional” porque la Organización de las Naciones Unidas no dio su beneplácito a aquella intervención, al considerarla injustificada y motivada por motivos económicos.
Bien es cierto que la primera misión española a Afganistán se envió bajo el anterior gobierno, pero no es menos cierto que Zapatero, nada más llegar al poder estableció que ningún soldado español saldría del país sin la aprobación democrática del Parlamento de la Nación. Y así fue. Zapatero ha sometido al escrutinio de la soberanía representada en las cámaras el envío de efectivos militares a Afganistán. Y cuando no reciba el apoyo de las cámaras, sencillamente, dejarán de enviarse. Así funcionan las mayorías en democracia.
Nuestros soldados se encuandran en la misión ISAF (no están ya enmarcados en la operación “Libertad Duradera” de la que España se retiró, según la propia página web del Ministerio de Defensa, en Julio de 2004). Su misión allí es la de entrenar, asistir, dar cobertura militar, escoltar y ayudar a las fuerzas de seguridad afganas en su lucha contra aquellos que pretenden implantar su propia ley en el país, contra aquellos que iniciaron la guerra desde las montañas y las aldeas mucho antes de que un solo soldado extranjero pisara aquel país asiático.
Esa labor del ejército profesional español en Afganistán se desarrolla junto a otros 37 países tales como Noruega, Suecia, Alemania, Países Bajos, Turquía, Estados Unidos, Italia o Canadá.
Se ha reabierto el debate sobre el papel de nuestras tropas a raíz de un ataque (en una región sin contingente español) y que tuvo como resultado la siempre lamentable muerte de varios civiles. La ministra de defensa Carme Chacón resaltó que para nuestro país es esencial evitar toda baja civil, que siempre se hace todo lo posible para eludirlas no solo por las evidentes razones humanitarias sino porque sabe que cada baja civil (trágica e injustificada) siempre suma fuerzas en el lado de los insurgentes talibanes.
En ese sentido creo que el trabajo de nuestros y nuestras militares es totalmente escrupuloso, profesional y selectivo. Es un trabajo realizado en pos de la estabilidad, la democracia y los derechos humanos.
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lo de antes no lo de ahora si
viva la diferencia de opinión
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Joaquín Pi
Totalmente de acuerdo con aquello de que la vía diplomática y proyectos como la Alianza de Civilizaciones son infinitamente más deseables que la presencia de militares armados, independientemente de que estos realicen claramente una misión de pacificación, vigilancia y estabilidad.
Que los Estados Unidos intervienen “altruistamente” cuando les parece y hay de donde sacar tajada es un hecho, pero también es otro hecho que las potencias europeas que han acudido ya no son cómplices de los deseos de venganza que intentó aplacar Bush con la invasión de Afganistán sino más bien un deseo sincero de estabilizar la zona aunque sea por nuestro bien: Afganistán ha sido calificado como un “narcoestado” porque la producción de opio sostiene es un pilar básico de la economía nacional y, además, un paso estratégico donde los grupos de crimen organizado pugnan por situarse en la mejor posición de control de las rutas que transportan el opio para su tratamiento, que da como resultado la fabricación de drogas como la heroína. Este comercio, del que se enriquece especialmente la mafia turca está siendo entorpecido seriamente por la OTAN y, sobre todo, por estas potencias occidentales.
No obstante, Honduras presenta otro tipo de problemática: si EEUU interviene, será acusado de volver a aplicar la diplomacia del “big stick” una vez más y de utilizar Centroamérica como su patio trasero (expresión acumulada por Reagan, por cierto) pero, si no hacen nada, salvo declarar su rechazo al golpe, entonces se dice que actúan por puro pragmatismo y que no les interesa Honduras para sus propios fines como estado. La posición de la Administración Obama es entonces difícil; en todo caso podría haber dado una mínima batalla diplomática pero a pequeña escala y no mucho más allá de las declaraciones que ha realizado. -
Joaquín Pi
Creo que los dos últimos comentarios tienen toda la razón…unidos. Ser tolerante no quiere decir que todo sea tolerable, ni mucho menos. Y quien no quiere convivir pacíficamente con los que, incluso, considera sus correligionarios por el mero hecho de que no les bailan el agua debe enfrentarse a un poder coercitivo que lo frene en seco. Lo lamentable es que esa fuerza coercitiva tenga que ser importada por fuerzas armadas y policías de otros países porque, en casos como el de Afganistán, no existe un poder estatal suficientemente sólido.
Por otra parte, si queremos que países reacios al proyecto de Alianza de Civilizaciones y la opinión pública respectiva de esos países cambie su punto de vista o lo matice, no es precisamente bombardeando en nombre de la democracia y la seguridad de los propios bombardeados como se va a lograr esto. Sin embargo, el desaguisado emprendido por la Administración Bush en Irak y en Afganistán -me refiero, en el segundo caso, al momento de la invasión de manera estricta- no puede ser solventado con una espantada en Afganistán. De Irak salimos para evitar participar en una invasión ilegal, en una guerra de agresión a un país, cuando dicho proceso de invasión todavía se estaba produciendo. El grueso del envío de fuerzas españolas a Afganistán, en cambio, se produjo después de la invasión cuando la estructura estatal había sido anatemizada y los talibanes amenazaban con imponer una dictadura más férrea aún si cabe. Lo fácil ahora sería salir por piernas, ahora que es cuando peor está la situación. -
Samuel Vega
Alberto, hay una cosa que no termino de comprender de tu postura.
Defiendes, al igual que yo, el carácter minoritario de los terroristas y extremistas si los comparamos con el grueso de los musulmanes.
Por esta razón no puedo entender como defiendes una guerra que afecta de forma tan directa a esa cantidad impresionante de gente inocente. Lo que está muy claro es que desde el momento en que comienza la guerra, los civiles (inocentes) se ven afectados, y esta situación es imposible de sortear.Pongamos por caso que Francia decide invadir España a causa de la existencia del grupo terrorista ETA. Moriría mucha gente, y el Estado español perdería su soberanía, por un grupo ínfimo de ciudadanos.
Supongo que, aunque las diferencias entre una situación y otra son evidentes, la idea ha quedado clara.Espero que puedas aclararme mi confusión. Gracias.
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Joaquín Pi
Con invasión me refería específicamente al hecho de traspasar una frontera delimitada de un país con contingentes armados, independientemente de que el estado afectado haya reclamado ayuda. No entraba a cuestionar la legitimidad de la actuación militar en Afganistán o en Irak. Si lo he hecho, en todo caso, ha sido para coincidir con Alberto y, en menor medida, con Julio.
Sin embargo, si el consentimiento de la ONU al envío de una fuerza armada para sofocar el conflicto afgano se produjo porque este organismo internacional atendió la llamada de socorro de una población que malvivía machacada por los talibanes, ¿no es cierto que en principio EE.UU deseaba intervenir en el país asiático alegando que allí se encontraba Bin-Laden? Refrescadme la memoria en este punto, por favor, que tampoco lo recuerdo muy bien. Yo separaba el hecho de que el gobierno Bush deseara buscar rápidamente un culpable bien definido y ubicarlo en un lugar concreto para tranquilizar a la población estadounidense aplacando su sed de justicia/¿venganza? por lo del 11-S y el respaldo de la ONU al envío de fuerzas estadounidenses, canadienses, alemanas españolas, etcétera que, si bien están próximos en el tiempo, no son fenómenos idénticos.
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Julio Castillo
Pintando la mona en Afganistán
Los últimos ataques de la insurgencia afgana, de los talibanes, a las tropas españolas, han reabierto el debate sobre la presencia militar de nuestro país en el conflictivo Afganistán. El Gobierno ha respondido “estudiando” un plan de ampliación de las tropas consistente en, al menos, 200 efectivos más. Ya en junio se habían enviado 450 soldados suplementarios para garantizar la seguridad durante el periodo electoral. España tiene actualmente unos 1.230 militares desplegados en Afganistán.
El pasado viernes fuerzas de la OTAN, organización de la que España es miembro, bombardearon un convoy de combustible robado y mataron a alrededor de 100 civiles. La masacre no ha trascendido, pero incluso el primer ministro afgano, Hamid Karzai, ha calificado de “inaceptable” los ataques contra civiles, y ha criticado que “ningún civil debe resultar afectado durante las operaciones militares”.
La Guerra en Afganistán (2001-presente) denominada por el mando estadounidense como “Operación Libertad Duradera” (originalmente “Operación Justicia Infinita”, nombre que fue modificado para evitar insinuaciones religiosas o mesiánicas[1] ), se inició el 7 de octubre de 2001, después de que Estados Unidos acusara al régimen talibán Afgano de ocultar a Osama Bin Laden, a quien Estados Unidos acusa de ser responsable directo de los atentados del 11 de septiembre. Estados Unidos y numerosos países aliados procedieron a invadir y ocupar el país alegando su tránsito de la teocracia hacia la democracia.
Es lo que reza en la Wikipedia sobre la guerra. Los motivos: la búsqueda de Osama Bin Laden y el paso de la teocracia a la democracia. Para EE.UU, las armas de destrucción masiva irakíes y Bin Laden siguen siendo invisibles. Para ellos, y también para toda la comunidad internacional. El establecimiento de la democracia ya suena a viejo. Fue también uno de los motivos de la guerra de Irak, de la que sí ha habido una fuerte protesta por parte de la comunidad internacional, y de la que España salió desde que en 2004 accediera al poder el presidente Zapatero. Por lo tanto, motivos, como en Irak, difíciles de creer. Y como en Irak, hay que ir más allá.
Si en Irak, y en todo Oriente Medio, Estados Unidos siempre ha querido mantener controlado el mercado de la extracción de petróleo, en el caso de Afganistán no iba a ser menos. Pero esta vez, no sólo porque el país esté en Oriente Medio y pueda servir como punto de control militar del área, si no que ya desde los tiempos de la Guerra Fría, estuvo muy interesado en mantenerlo bajo control. Durante la conocida como Guerra Afgano-Soviética, Estados Unidos apoyó a los talibanes, a los que ahora combate, en su insurrección contra el gobierno prosoviético de Afganistán. Ellos los llevaron al poder, y fíjese usted que mal agradecidos, en 2001 dan cobijo a Osama Bin Laden, supuesto autor de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001, y eso da pie a otra guerra. Los antes amigos, ahora enemigos.
La Guerra Afgano-Soviética se recuerda como el Vietnam de la URSS por su alto coste en vidas y económico; y por lo estéril de los resultados, teniendo como única consecuencia la aún mayor desestabilización de la situación política de la URSS. No es preciso ni recordar que Afganistán va por el mismo camino: se está convirtiendo en el Vietnam 2.0 de Estados Unidos, y junto con él, de todos los países que forman la coalición.
Pero, y ante esto, ¿qué pinta España allí? ¿Por qué estamos nosotros en este “fregao”? Pues por no pintar, no pintamos ni la mona. Lo recordaba el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, este viernes en Los Desayunos de TVE: “Pintamos exactamente lo mismo que hubiéramos pintado en la Guerra de Irak, así de simple”. Lara recordó lo que establece el Artículo 8 de la Constitución Española:
Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Cayo Lara se preguntaba qué soberanía, qué independencia y qué integridad territorial de España están garantizando las tropas españolas desplegadas en Afganistán. Pues eso: que por no pintar, ni la mona. Estados Unidos se lo guisa, Estados Unidos que se lo coma.
Fuente: Los Desayunos de TVE (a partir del minuto 54)
Adrián 22:02 on 15 Septiembre 2009 Enlace permanente
Pufff… Lo peor es que no te falta razón.