S.E.A.E.: un arma de doble filo
Hoy está prevista la aprobación en Luxemburgo por el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión el proyecto de creación del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). El Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, deberá presentar en el plazo de un mes su organigrama y funcionamiento, los cuales deberán ser aprobados por el Consejo y el Parlamento Europeo. Se ha observado que éste era el momento oportuno, sin lugar a dudas, por las recientes promesas del Presidente de la República Checa, Václav Haus, de firmar de una vez por todas el Tratado de Lisboa.
El Servicio Exterior de la UE es un esfuerzo conjunto por disponer de un organismo que aglutine y defienda los intereses internacionales de los socios de la Unión. Está previsto que cuente con un total de 130 embajadas e integrado por varios millares de funcionarios procedentes de la Comisión Europea y los estados miembros. El nuevo organismo contará con 6.700 efectivos en el exterior de los cuales, entre un 30% y un 40 % aproximadamente, serán diplomáticos de carrera de los estados miembros. Se pretende, en principio, que sean los diplomáticos más experimentados y con una trayectoria profesional más destacada quienes ocupen un puesto en las embajadas, de tal manera que estos porcentajes serán nutridos con funcionarios de carrera británicos que actualmente o en algún momento hayan sido destinados a los antiguos territorios que en su día formaron parte del imperio colonial del Reino Unido, a los franceses destacados en el Magreb y Oriente Medio o alguno de los embajadores españoles con destino en Latinoamérica.
La ardua labor llevada a cabo por Javier Solana, ha contribuído notablemente a construir sólidos cimientos para este proyecto. La experiencia de quienes han trabajado en este ámbito ha sido de gran utilidad a la hora de sumar esfuerzos e intereses de los distintos países miembros para emitir una respuesta conjunta y definir unos intereses comunes de cara a la comunidad internacional. Sin embargo, las competencias y el ámbito de actuación del nuevo organismo, están siendo objeto de largas discusiones, siendo de esperar que continúen a lo largo de este mes. Quizá cabría hablar, más bien, de controversia, porque existen dos posicines básicas en torno a este tema la llamada maximalista y la minimalista.
La minimalista abogaría por un Servicio Exterior europeo que tan sólo se ocupara de las labores de diplomacia y defensa en sentido estricto, mientras que la postura maximalista defendería la extensión de las competencias de este organismo al desarrollo y el comercio. Puede que, como en tantos otros aspectos de la vida y la política, la solución esté en un término medio. Lo idóneo sería un servicio diplomático unificado que se dedicara estrictamente a la defensa de los intereses de la UE en el ámbito exterior, pero teniendo como objetivo último la cooperación y el desarrollo, ampliando sus competencias hasta donde fuera necesario para ocuparse de esos dos aspectos de las relaciones internacionales.
Tanto las dos visiones vigentes actualmente del proyecto como la que planteamos aquí tienen un poso ideológico y es importante no engañarse en ese aspecto. Los planteamientos que actualmente se encuentran sobre la mesa son producto de fuerzas políticas conservadoras, que dominan a sus anchas el Parlamento Europeo, apoyadas desde fuera por unos EE.UU que no han cambiado las leyes de juego del neoliberalismo salvaje que rigen hoy el mercado.
Es vital posicionarse desde la izquierda en favor de una separación radical de los fines diplomáticos y los asuntos relativos a la defensa. No llevar a cabo esto es como presentarse al mundo con una mano tendida mientras la otra sujeta un garrote que ocultamos a nuestra espalda. La subordinación de los intereses y planteamientos relativos a defensa y seguridad exterior de los países miembros a la OTAN y, en última instancia, a los Estados Unidos, pueden tener el mismo efecto en el ámbito de la diplomacia, de tal forma que la UE nunca acabe de definir una política exterior propia, autónoma y acorde a sus intereses. Del mismo modo, cooperación y comercio no tienen necesariamente que estar bien avenidos y es preciso tener en cuenta al votar este proyecto cuántas veces se han sacrificado proyectos de cooperación y desarrollo en favor de intereses comerciales, bajando la voz en situaciones en las que habría de haberse levantado.
S.E.A.E.: un arma de doble filo « Adelantamiento…por la izquierda 15:06 on 26 Octubre 2009 Enlace permanente
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