Fiestas municipales madrileñas y agresiones nazis

Hoy nos hemos desayunado con la noticia de la brutal agresión en las fiestas de Alcorcón de un grupo de jóvenes por un grupo de neonazis. El modus operandi es más o menos habitual: un rapado se acerca a los jóvenes y les pregunta dónde se puede beber algo. Con toda normalidad, los jóvenes, de estética alternativa le indican un par de puestos más adelante. Sin mediar palabra y en unos segundos se acercan al grupo otros jóvenes con el mismo aspecto que aquel que preguntaba. Derriban a uno de los jóvenes y le agreden con  porras extensibles en la cara y en el brazo. Dos chicas recibieron cortes en las orejas y otro chico resultó herido por el disparo de una pistola de perdigones en el pecho por parte de otro que antes le espetó: “esto, por Hitler”. Los jóvenes y varios testigos afirmaron que los agresores lucían simbología nazi y estética skinhead. Junto a esto, hemos podido ver las fotos trucadas del ex-soldado neonazi Josué Estébanez. Sencillamente patético. Aparece un cartel pidiendo su libertad tapando un brazo derecho que con toda seguridad levantaba extendido con la palma abierta. Otra foto fue retocada para tapar con tinta negra los huecos de una cruz céltica en llamas.

El informe Raxen del Movimiento contra la Intolerancia cifra en 350 las agresiones de este tipo el año pasado. Sin embargo, si esto no se toma en serio, no se puede descartar que las agresiones se disparen, pues es difícil no relacionar lo sucedido en Alcorcón con el juicio que se está llevando a cabo contra el presunto asesino de Carlos Palomino y las impresentables manifestaciones a favor de este individuo que se vienen realizando a las puertas de la Audiencia Provincial de Madrid. Esas concentraciones son actos de incitación al odio y la violencia o, por lo menos, de alteración del orden público, si bien estoy seguro de que si rascamos un poco, sólo un poquito, encontraremos testimonios, gritos y cánticos de apología al genocidio, a la xenofobia y la homofobia. Tampoco entiendo qué está pasando con la seguridad en las fiestas municipales porque lo sucedido en Alcorcón no es un hecho aislado si tenemos en cuenta que la semana pasada sucedió algo parecido en Fuenlabrada contra la caseta de Izquierda Unida y que raro es el año en el que no sucede algo parecido en lugares como Pozuelo o Villalba, como el año pasado. 

Más que un problema de despliegue y efectivos parece una cuestión de empeño, a juzgar por lo que observé en las fiestas de Móstoles donde el recinto ferial estaba custodiado a la entrada por agentes de la Policía Local, la Policía Nacional y la Bescam, creada por el Gobierno regional. Constatando la presencia más elevada en las fiestas de este último cuerpo policial y su equipamiento y preparación a simple vista, uno se pregunta por qué siempre aparecen -si aparecen- cuando los agresores se han esfumado, no consiguiendo detenerlos estando de partrulla o apostados en las inmediaciones. Si los cafres de turno no están fichados por la Policía Nacional o la Guardia Civil, el testimonio de los agredidos queda incompleto, sin un apoyo probatorio sólido.

No entiendo por qué esa reticencia digna de explicación sociológica y antropológica a diferenciar tanto entre un energúmeno que mata en nombre de una patria vasca inventada de un tiro en la nuca y otro energúmeno que mata igualmente a otra persona en nombre de una igualmente inventada patria española a otro ser humano de un navajazo o a golpes con un bate de béisbol. Temo ahora que la decisión de la Fiscalía de la Audiencia Nacional se haya quedado corta: no se trata de juzgar a los neonazis como si fueran terroristas sino de juzgarlos como terroristas. Desde luego estas joyitas lo tienen todo: asociación ilícita, tenencia ilícita de armas, incitación al odio y la violencia contra las personas por el origen nacional, social, étnico, tendencia política e ideológica u orientación sexual de las mismas, delitos de lesiones cuando no de homicidios en grado de tentativa o asesinatos.

Si la asociación ilícita en estos casos va siempre acompañada de la tenencia ilícita de armas, ¿por qué no acusarlos de integración de banda armada para aplicarles condenas de hasta cuarenta años de cárcel que habrían de cumplir íntegras de una vez por todas? ¿Por qué no ilegalizar a los partidos políticos que concurren a las elecciones democráticas cuando se demuestre, apología, encubrimiento y no digamos financiación a estos grupos paramilitares? Por favor, que alguien me explique de una vez quién decide qué y quiénes son banda armada y quienes no, porque de dar este paso vendría rodado el siguiente: la ilegalización de los símbolos y el establecimiento de penas de hasta diez años de prisión por la exhibición de cruces gamadas, de la cruz céltica y de la bandera española preconstitucional, la del águila imperial conocida como pajarraco o pollo. En el país obsesionado por los precursores y los referentes a nivel europeo se necesita decir lo que hace el vecino para exhibirlo como argumento; pues ahí va: Alemania y Austria cuentan con legislación acerca de esto y hasta hace unos diez años se aplicaba de forma draconiana. Se trataría de legislar, aplicar la ley y no ceder un milímetro por el paso de los años, la relajación, el “bienpensatismo” o vaya usted a saber qué.